BURNING MAN
Una ciudad efímera, con sus propias normas, en el medio del desierto
Catalina Royon Lemesoff / cromesoff@gmail.com / 28.09.2025Burning Man es muy increíble, rarísimo, loquísimo, nunca lo entendimos bien, pero este año «Cata» fue y llevó la Zero a Block Rock City, en el desierto de Nevada, la ciudad que se construye y se desarma una vez al año, exclusivamente para celebrar el festival.
Es una ciudad circular que reúne a miles de personas. Un lugar con sus propias normas, sin dinero, sin agua ni internet, una ciudad que funciona durante siete días. Burning Man es mucho más que un festival, es un experimento social y artístico donde todo se sostiene con «regalos» y creatividad.
En esta vida me tocó nacer con mucho culo. Este año me fui a Burning Man, y aunque había ido una vez antes, esta vuelta algo del evento me atravesó. No sé (o más bien, no puedo explicarme), pero Burning Man es como un gran cuadro surrealista. Incluso se da en el mismo escenario que esos cuadros, una planicie infinita de desierto con algunas montañas apagadas de fondo. Una va andando en bicicleta allí dentro y a cierta distancia ve una forma por la que decide interesarse. Esa forma se agranda a fuerza de pedaleo y ciertos conceptos empiezan a aclararse, pero el manto de la sorpresa aún no se rompe. ¿Una biblioteca, quizás? ¿O acaso pájaros? ¿Una habitación? ¿Qué tiene dentro? ¿O es un cubo? ¿Puedo treparme? Y en algún punto, con el corazón acelerado porque estaba mucho más lejos de lo que pensaste, se devela una escultura fantástica. Y una se maravilla nuevamente del lugar en el que se encuentra, porque es como un sueño, detallado, con sentido y sin un ápice de coherencia.

Eso pasa una y otra vez en Burning Man, ese evento que se da en la ciudad Black Rock que se ensambla para existir tan solo 7 días por año. Es probablemente la ciudad más artística del mundo, porque desde los atuendos hasta los autos, todo está intervenido por la creatividad. Aprovecho para explicar un poco: Burning Man es un evento que se lleva a cabo en Nevada, Estados Unidos, en el desierto Black Rock desde 1986. Se construye una ciudad circular – con calles con nombre y todo, enorme de verdad (aprox, 15 km de diámetro) -, la ya mencionada “Black Rock City” que se desmantela después de 7 días. El evento culmina con la quema de dos esculturas de madera del tamaño de casas, un hombre (de ahí el nombre) y un templo. Se maneja por diez principios que pueden encontrar explicados en su página e incluyen autoexpresión e inclusión radical, autosuficiencia radical, no dejar rastros, economía del regalo, desmercantilización – todo dentro del evento es gratis y no se usa dinero -, participación, inmediatez, responsabilidad cívica y esfuerzo comunal. La gente debe proveerse sus propios recursos antes de llegar, la movilización interna es por bicicleta y autos-arte y aunque los DJs no son el centro de atención, son muy buenos.

Black Rock City ya es una sociedad, tiene su propia idiosincrasia nacida de principios anárquicos y según lo que capté del viejo mito, fundada en la creatividad que causó un desamor.
Nos contó Lisoform (algo así sonaba el nombre) que conocimos en su campamento con temática de Nueva Orleans y nos convidó dos platazos de gumbo, que el creador se había separado de su pareja y, devastado, hizo una escultura de un hombre de madera. La llevó a la playa en San Francisco y algunos loquitos le dijeron de prenderla fuego. Después de eso lo hicieron todos los años, hasta que a la policía le molestó. Entonces siguieron haciéndolo todos los años, pero en el desierto inhóspito, donde de paso podían prender fuego todo lo que quisieran llevar y coger todo lo que pudieran y disparar armas y…
En algún punto, alguien decidió crear un campamento temático (Santa’s Kitchen, supuestamente) y como a todos les pareció una gran idea, lo fueron haciendo más y más y de esa manera aportaron a crear las distintas partes de una ciudad: el campamento central, el campamento de la radio, los campamentos de servicio postal, los campamentos que sirven comida, los campamentos de orgías, los campamentos gays, el observatorio astronómico, el campamento de paracaidistas… Así llegamos a lo que es la ciudad Black Rock City hoy en día. Al menos en la versión que por transmisión oral tengo yo.

Y no sólo la ciudad, sino su sociedad. Como sucede con el desarrollo de cualquier cosa, va incluyendo más facetas cada vez. Este año por ejemplo hubo un nacimiento (¡El primer Blackrockcitence!) y un asesinato. Hitos históricos. La víctima fue Vadim Kruglov, un ruso de 37 años. También se suman cada vez más detestados modelos de Instagram, odiados por establecer jerarquías dentro del evento trayendo antenas de starlink y haciendo glamping, que, como ya vimos va en contra de uno de los principios. Y es así. Son ridículos. Andan dando vueltas por ahí subiendo historias, todos limpios. Aunque también pienso en la inclusión radical ¿Qué sucede si aceptamos radicalmente las decisiones de vida que ha tomado cualquier persona que tenemos al lado? ¿Cuál es el punto en el que sus decisiones nos interceptan? Me gustaría saber qué piensan otras personas al respecto. Por otro lado, muy felizmente me sorprendí del promedio de edad en el lugar. Muchos burners entre 40-50 años, incluso gente con niños, con 20-25 “quemas” encima que seguían presentándose al ritual, ampliando el arte en la escena y puliendo la inclusión de la filosofía burner en sus vidas.

Bueno, para ir cerrando un poco les cuento la cosa movilizante que me sucedió en Black Rock city: Me tomó una sensación de estar atravesada por algo profundamente original, en el sentido de origen, de la palabra. Incluso entre las luces y los motores no podía evitar esta certeza. Algo de correrse de lo cotidiano con todas las satisfacciones a mano, los nombres elegidos con significados volátiles o literales, las conversaciones lentas, con interés genuino, la admiración que provoca estar en el lugar y el sentimiento de profunda responsabilidad y diversión que se ve en la gente. Todo esto me llevó a entender que el punto último de Burning man es la creación activa, la creación sobre la marcha. Poner algo de nuestra existencia peculiar e irrepetible allí afuera, en el mundo.

No todo en Burning man es ideal. Se le critican muchas cosas: es una gran fuente de contaminación, elitista, la economía interna que promueve no se corresponde con el precio de su entrada y el gasto de llegar hasta ahí, no ha logrado la absolución de las jerarquías sociales dentro del evento y «ya no es lo que era». Pero a pesar de todo esto hay algo que nos muestra: en quienes nos convertimos cuando se nos da la posibilidad de ser radicalmente nosotros mismos.
Pienso que sus tropiezos son permisibles. A diferencia de miles de compañías u organizaciones parecidas, aporta una mirada desestructurante y cuestionadora del mundo actual; con errores, sí, con medios imperfectos, también. Pero logra algo que pocos: Llevarlo a la práctica. Y si hay que desmantelar las cosas que están arruinando nuestras sociedades y planeta, no empezaría poniendo en la mira al lugar que al menos hace algo diferente. De hecho, no lo pondría nunca.


