FOMO BAJO CONTROL
Una guía para disfrutar de BsAs con la certeza de que no nos perdimos nada
sigarespirando / sigarespirando@gmail.com / 05.09.2025El tiempo es una línea que avanza constantemente, sin importar lo que deja atrás; pero esto no significa que no cambie. Está siempre modificándose, porque cada momento es diferente. Así se va creando la realidad. Pasan generaciones, y depende de nosotros si nos quedamos en el pasado o si las entendemos y avanzamos con ellas.
FOMO EXPLICADO
Analizando todo esto, hay algo que nos enseñaron estas nuevas generaciones: tenemos que reconocer nuestras emociones. Incluso nos hicieron una película de animación para que lo entendiéramos. Pero, para reconocerlas, primero debemos nombrarlas. Venimos de otro tiempo donde solo se podía estar feliz o triste, aburrido o entretenido, pero al parecer existen millones de emociones y podemos diferenciarlas y nombrarlas.
Por eso, seguramente han escuchado hablar del FOMO, que es básicamente el miedo a perderse algo. Viene del inglés «Fear Of Missing Out».
Claro, estos jóvenes la tienen re clara, y como no queremos quedarnos afuera, empezamos a utilizar sus expresiones, mal, obviamente, hasta que las entendemos. Venimos de frases más simples, como “todo pasa en Buenos Aires”, y ahí no hay espacio para el FOMO: es una certeza. Pero las certezas hay que comprobarlas, sobre todo porque me rehúso a convertirme en un viejo que piensa que el pasado fue mejor.
Hartos de ser provincianos “FOMO-dependientes”, viajamos a la capital para ver qué pasaba; cómo es un fin de semana común y corriente en la ciudad donde Dios atiende. ¿Será un gran PAMI? ¿Tenemos tanto que envidiarles? Ninguna pregunta más: nos vamos.

Ese mismo día se cayó un avión en la India, lo que nos dio un poco de tranquilidad. No se caen dos aviones el mismo día.
Una vez ubicados en uno de los millones de Airbnb administrados por estas nuevas inmobiliarias virtuales, donde te dejan la llave en un mini-locker-candado colgado en algún lugar de la ciudad, nos pusimos a ver qué se podía hacer. La lista de opciones era bastante larga, pero obviamente elegimos las que para nosotros eran las mejores:
El viernes: Shaman y Santiago Adano (de Julio y Agosto), acústico en el Espacio Cultural Roseti.
El sábado: Marina Fages en Niceto.
El domingo (porque el lunes era feriado): Los Peligrosos Gorriones en La Tangente.
Un paseo por el under argentino de ayer y hoy. Comprobado: pasa todo, pero nadie lo sabe, ni los mismos porteños. Por eso se los contamos.

Viernes / Shaman y Santiago Adano (de Julio y Agosto) 13-06-25
Espacio Cultural Roseti
Muchas sillas en un salón; esa es la primera impresión. Pero, al pasar una puerta, encontramos una barra, guisos para el frío, cervezas y vino para la sed, y un patio que parecía que estábamos en Mendoza. En el ambiente se sentía el cansancio de quienes, después de trabajar, quisieron disfrutar; de los que pasearon todo el día y querían ver cuán genial es Buenos Aires; y de los músicos que, por lo que dijeron, habían estado grabando canciones.
Guitarras acústicas, intimidad… parecía una Honorable. Dos canciones, un B2B de la vieja escuela. Dos tremendos músicos, no solo en la música, sino también en la lucha: Santi habló de la detención sin motivos que sufrió por cuidar el auto familiar en una marcha de jubilados y de su abuela; Shaman, sobre los incendios en el sur que arrasaron con muchas casas de amigos. Todo era hipnótico, con la voz de Shaman haciendo un didyeridú analógico que todavía intento imitar. Las intervenciones de cada uno en el tema del otro demuestran lo buenos productores que son. Una frase que me quedó dando vueltas: cuando Shaman hablaba de los incendios en el sur, Santi le hizo una canción y dijo: “Tenía miedo y probé con un temuqui”. Eso lo resume todo. La canción es el escape al cansancio, la fuerza para seguir y la esperanza de que siempre viene algo nuevo.
Claro, una vez terminado el show y cerveza tras cerveza, en un momento necesitas ir al baño. Voy, y la puerta estaba bloqueada por tres individuos; uno con la camiseta de Platense, hablando de fútbol, porque eso somos, y para eso nos juntamos: para hablar de los problemas y de las alegrías. De lo insólito que es este país o ex-país. Estos toques no son entretenimiento, son terapia colectiva: es hacerse amigo del vecino y decir: ¡gracias! Tenemos algo en común.
Todos se estarán preguntando, porque lo único que les importa es el chusmerío: ¿por qué Shaman y Santiago estaban cansados de estar toda la semana grabando? Bueno, se los cuento: tienen una nueva banda que se llama Falso Nueve. Vayan a escucharla y vean si lo que les contamos es verdad, o si solo son palabras que se escriben.
Falta el final, y como pasa en estos lugares donde te sentís como en casa, terminamos charlando con Shaman y Santi, profundizando sobre los incendios, la solidaridad de la gente, pero también nos encontramos con amigos como Carlos Sidoni, que tiene su estudio de fotografía en el centro cultural y nos regaló su libro, donde también cuenta cosas. Porque el FOMO se trata de eso: de que alguien te cuente algo, porque vos no estuviste ahí. Ni en ese lugar, ni en ese tiempo, ni en esa cabeza.

Sábado / Marina Fages
Niceto
“Qué linda noche de encuentro, qué lindo sábado que se nos viene”, eso pensábamos. No podemos desaprovechar ni un minuto en esta ciudad. ¡Imagínate volver y enterarte de que había algo justo al lado tuyo y no lo viste! Es el colmo de los FOMOs. Museos, paseos, caminatas, Once… Quiero comprar todo. Llueve; vamos a Olga, que está cerca. No hay nada: es sábado, no importa, tenemos que hacer tiempo; la juntada es en Córdoba y Juan B. Justo. ¿Qué juntada?
Hace unos meses nos metimos en el grupo de WhatsApp de los Manijas de Marina Fages, para ver qué onda, para no estar solos, para encontrar un vínculo, para pertenecer. Quiero aclarar: me metí yo. La previa era bajo el puente de Juan B. Justo y Córdoba. Llovía, de noche. Llegamos y había unos que dijimos: “Venden drogas”. Todavía no llegaban. Fuimos a comprar porrones; volvimos y los “venden drogas” seguían ahí. ¡Eran los amigos de WhatsApp! Mi nivel de prejuicio bajó a cero. Nos miramos y nos dimos cuenta de que si nosotros hubiéramos estado ahí antes que ellos, ellos hubieran pensado lo mismo. Me dio un alivio, porque pertenecer, ante todo. Nunca había estado en un grupo de fans; me sentía una Belieber acampando bajo la lluvia, esperando a nuestra reina.
A medida que pasaba el tiempo, iba llegando gente. Hablamos de discos, de dónde veníamos, adoptamos a una chica que, con suerte, sabía su nombre: Valen. David, uno de los líderes del grupo, había llevado una heladerita, un genio. Pero no la supimos valorar, porque el frío de Buenos Aires es el frío más frío del frío. Así que, con nuestra amiga adoptada y nuestro nuevo amigo Ale, nos fuimos a Niceto. Lo imaginamos mucho más grande; creo que el Teatro Griego Frank Romero Day nos hace ver todo más pequeño.
En Niceto tienen unas pantallas como las de McDonald’s para comprar alcohol, y unos chicos, cual vendedora de pororó de cine de los 60, vendiendo más alcohol. Lo decimos, pero no juzgamos.
Arranca todo con un ensamble de guitarras que caminaban alrededor del público, todos tocando algo diferente, pero la misma canción, lo que provocaba un sonido surround de 20 parlantes, muy flashero. Había gente que sacaba fotos y no entendía cómo iban a explicar lo que estaba pasando. El ensamble se llama Herederxs. Les dejo el link (LINK).
Sobre la banda telonera, solo puedo decir que eran adolescentes que quizás pueden tener futuro. No quiero ser el que critica y después le cierran el orto. Escúchenlos ustedes mismos y opinen lo que quieran; para eso inventamos Twitter (como humanidad lo digo).
Mi momento esperado: Marina Fages, banda completa, y luego de una gira por Europa y Estados Unidos. Un tema, otro tema y otro. A la mitad ya no tenía voz. Porque es raro lo que pasa con Marina Fages: es hardcore, es música de Elfos, de Otakus y de gente que nunca pudo encasillarse en algún lugar. El copado, pero ñoño; el intelectual que ve Gran Hermano; la que hace comentarios geniales, pero es tímida y no los dice.
Me di cuenta de que en el grupo de WhatsApp de los Manijas Fages éramos la escena de Amélie, donde tiene un gran chiste para insultar al Señor Collignon, que se lo dicta alguien desde la ventana de un subsuelo. Pero no somos Amélie: somos Lucien, el ayudante que le falta un brazo, que, gritando las canciones de Marina, nos despojamos de todas nuestras broncas, que se transforman en canciones. Hubo burbujas, pogos e invocaciones. Hasta hubo un cover punk de “Canción con Todos”, un golpe de rebeldía en los momentos que estamos viviendo. Todo terminó con Provincia, Marina subida a los hombros del público y la sensación de felicidad de todos los que nunca pudimos encasillarnos en un lugar. Todos juntos, unidos y con algo en común.

Domingo / Peligrosos Gorriones
La Tangente
Luego de darlo todo, hay un momento en que pensás que nada puede mejorar, pero el señor Francisco Bochatón puede hacer lo que quiera. Es el ejemplo en vida de un artista: es el Bukowski, el Jackson Pollock, el cliché y la rebeldía, el inimputable, el incancelable. Son esos artistas que nos dieron tanto y recibieron tan poco, y sentimos culpa por eso.
Antes de ir, nos pusimos a repasar la discografía de Los Peligrosos y, si prestás atención, podés encontrar un montón de genialidades que otros supieron aprovechar; por eso son la banda de culto que son. Las melodías disonantes de Bochatón son un sello que abrió puertas a artistas contemporáneos que, si no fuera por él, no los entenderíamos. Pedro Piedra es uno de ellos y nos encantaría preguntárselo.
23:30 (puntual), decía la ticketera. Estábamos todos esperando afuera, tomando birra, hasta que llega un taxi (12.45). Se baja Bochatón; lo señalo porque vi a un famoso, y me dice: “¿Qué onda, maestro, van a entrar?”, a lo que le respondo: “Obvio”, y él dice: “Yo también”. Venía con el bajo colgando, como si fuera un trámite lo que venía a hacer. Entra y lo seguimos. La Tangente también es chiquita; pienso un poco en la magnitud de la vendimia, pero se me olvida inmediatamente.
Arranca la banda soporte, graciosa, muy acorde a lo que venía después. Buena curaduría, escúchenla: Gente Conversando (link).
Los Peligrosos Gorriones siguen siendo una banda de los noventa. Bochatón sigue siendo el tremendo bajista que siempre fue. Tienen un repertorio lleno de hits. Bochatón lo sabe, bendice a la gente que se le acerca a cantar. Y, como si se le desgarrara el alma, te dice: “Por tres monedas, vendo mi amor”, porque es absoluta y sincera verdad; es lo que está pasando. Y lo dice como lo diría un verdadero artista: real, sincero y auténtico, por eso se le permite todo.
¿Por qué no estábamos en un Vélez viendo esto? Porque luego entendí, cuando terminó todo este viaje, que la magia sucede en los bares, en los antros, en las peñas, en los livings. El FOMO es un producto del mainstream, de lo enorme. Funciona cuando 40.000 personas hablan de un suceso. No existe el FOMO cuando viste a Bochatón o a Marina Fages en bares, centros culturales o boliches que siguen apostando a escuchar música. Porque, en realidad, nadie quiere estar en el mainstream tapado de celulares, filmando lo que no están viendo, no están escuchando y no están disfrutando. Todo para después contarle a los demás dónde estuvieron.
Siendo sincero, cuando le contás a un amigo que fuiste a ver a Los Peligrosos Gorriones, no le contás lo que sentiste. Le preguntás: “¿Te acordás de esta canción?” y, cuando él dice el nombre que quiere, bailan, cantan y disfrutan juntos el ahora.

