Teatro

JUAN BARRAZA

EL ARTE DE HACER REIR

Gabriel Jimenez / 01.10.2024

Charlamos con uno de los comediantes más destacados de la escena argentina, su proceso creativo, la actualidad y el humor

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Luego de tu séptimo unipersonal, ¿notás haber desarrollado una línea narrativa propia o la propuesta creativa forma parte de otro “gran confuso episodio”?

Creo que hay una narrativa personal con temas que aparecen siempre en los shows, aunque yo no me lo proponga. El primero es el lenguaje, que siempre está. La manera de hablar, de vincularnos, la comunicación y las contradicciones, que un poco son el motor de la mayoría del material que escribo. También desde que soy papá está presente la crianza, en distintas facetas (el embarazo, el parto, la etapa de bebés, comenzar a caminar, a hablar, la escuela), las problemáticas son otras y entonces el humor que aparece y los chistes que surgen también son otros. Así que no creo que sea todo un caos. Me parece que hay temas que se pueden identificar, uno va teniendo una evolución, entonces no es casualidad que este show hable más del paso del tiempo, de cómo uno se va volviendo un poco más conservador y pelea con eso, los prejuicios, la vejez y demás cosas que me quedan a mano. 


Has actuado en teatros de CABA, provincias, pueblos y en el exterior… ¿creés que el contexto influye en la recepción o percibís cierta universalidad en torno al humor?

Apelo a cierta universalidad del humor, si no se diera no hubiéramos crecido mirando El Chavo, no nos hubiéramos reído de Benny Hill, a pesar de que hay cuestiones que son culturalmente muy distintas. Alguna vez cayó en mis manos una edición de Mafalda en inglés y se entendía todo porque Mafalda no es sobre la sociedad argentina, es sobre la clase media, la sociedad en general, sobre la condición humana, entonces cuando el humor va por ese lado, las fronteras y las cuestiones culturales quedan a un lado y lo que prima termina siendo esa fibra universal del humor que hace que nosotros nos podamos reír de un tipo que está hablando a 15.000 km de acá.

¿Te identificás con un tipo de humor específico o buscás un estilo de acuerdo a cada show?

Fontanarrosa decía “hago el humor que puedo, no el que quiero”. Creo que aplica para todo el mundo. A veces me gusta ver cosas que son muy distintas a las que yo hago, cosas que por ahí yo no hablaría en el escenario pero también me divierten. Calculo que siempre hay bastante de observación en lo que hago, porque me sale así, no porque me lo proponga o porque crea que eso va a pegar mejor. A la hora de escribir no pienso en como lo va a recibir el público, escribo desde lo que yo tengo ganas de decir, desde lo que a mí me parece divertido y trato de armar un show que a mí me gustaría ir a ver, esos son los parámetros que uso.


Además de la música, la literatura y el teatro ¿con qué otras expresiones artísticas te vinculás y cómo entendés que esto influye en tus espectáculos?

Walter Pater dijo que todo arte aspira a la condición de la música. Yo cambiaría lo que hago por poder subirme con una guitarra a tocar las canciones que compuse. Creo que en la música se transmiten cosas que no están en el humor ni en otras expresiones artísticas.

La literatura es algo a lo que me dedico, toda la vida escribí, mi trabajo de comediante tiene un gran costado de escritura y por supuesto de guión. La música siempre ha estado presente, alguna vez incluso llevé la guitarra en los espectáculos y la sumé haciendo humor, pero está presente porque vengo de una familia de músicos muy grosos y desde siempre supe, por verlos a ellos, que yo no soy músico. Para mí, el trabajo del comediante es mucho más parecido al de un cantautor que al de un actor. En tanto es una persona presentando lo que escribió en un escenario, lo veo mucho más parecido a un juglar. Me parece que estamos más emparentados con esa figura que con la del actor, que es la que en general se pone al lado del comediante. Comediante, actor no es lo mismo, es muy distinto. 

¿Cómo considerás que influye la actualidad social y política en el humor?

El humor funciona como un arma de doble filo. Hoy se percibe un halo de angustia en la calle, en la sociedad, pero es también cuando más necesidad de humor hay. No hay un mango, es más difícil vender una entrada, porque el entretenimiento es lujo, no necesidad; porque tenés que darle a comer a tus hijos, pero no necesariamente tenés que ir a ver un show, eso es un lujo que uno se da, por lo tanto en épocas de crisis económicas es lo primero que se corta, pero a la vez es lo que más se necesita. La actualidad siempre influye, a mí entender estamos en manos de la gente más horrible de todas, una reedición de lo que ya vivimos en 2001. Cuando tenés esa angustia y alguien te dice venite a ver un show que te vas a reír más de una hora, es un buen programa, pero cuando está todo mal, ese programa cobra más fuerza todavía, y esa necesidad pasa a ser mayor, cuando uno está en una sala viendo algo que lo hace reír más de una hora, y sale con toda esa energía de ahí, yo creo que se valora más, incluso se aprecia más en épocas malas, en épocas de mucha crisis y de mucha angustia, como la que estamos atravesando ahora. 


Por último, en la portada de Barrabasadas posás con una copa, ¿cómo es tu relación con el vino?

Me encanta, por supuesto que sí, sobre todo me gusta que sea algo representativo de la Argentina y la región. Elijo el Malbec pero también el Cabernet Franc. Llevo casi diez años yendo a actuar por allá, generalmente es un viaje muy atravesado por el vino, lo ves cuando caminás por la ciudad o vas a una bodega. Me queda pendiente ir para vendimia.


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