Rally teatral-invernal #3: Pozo de Zorro
Dos destinos cruzados por Malvinas
Hacer un rally es lo más divertido que hay. Llevo tres obras y ninguna ha sido ni remotamente parecida a la otra. Hoy, Pozo de Zorro, que como el shampoo es 2 en 1.
Puse el culo en la butaca y todo arrancó de sopetón, a mano armada y con un grito incomprensible. Al principio pensé “¿Qué vine a ver?” hasta la primera transición (a los 3 o 4 minutos) cuando finalmente entré y no me fui más de la obra. Esta consta de dos personajes: Leopoldo, interpretado por Gustavo Torres y Rodolfo, interpretado por Gustavo Torres. No hubo un error de tipeo, los dos son Gustavo Torres. Esto es quizás lo más llamativo de la puesta en escena, sin embargo los diálogos hay que remarcarlos. El principal director, José Kemelmajer, junto con… Gustavo Torres, escribieron este guión sobre un ex-combatiente y un desertor de Malvinas que se encuentran durante un asalto.
¿Ya vieron Sentimental Value? ¿O Hamnet? Son de esas excelentes películas sobre gente que hace arte para elaborar lo vivido. Intento no meterme tanto en lo personal, pero me pregunto si Torres, actor y veterano, no habrá optado también por eso: que el teatro sea la catarsis propia y ajena de una experiencia francamente dolorosa. Si la vieron otros ex-combatientes me encantaría saber qué sintieron. Arriba está mi mail. No puedo evitarlo, mi lado de psicóloga - recibida el lunes, cof, cof, felicitaciones Cata, cof cof, ;) - analiza a estos personajes, que incluso divididos parecen dos caras de la misma persona y son representados por la misma moneda. Digo…

Por un lado un personaje más infantil, que decide no seguir órdenes y huír de la colimba. Y la pregunta por si es realmente un cagón, como le dice Leopoldo, o una persona de lo más sensata. Mandar adolescentes a la guerra de seguro no lo es. Y Leopoldo, que va a y experimenta en su cuerpo el terror de tener que matar, el desamparo y el frío. Ambos personajes se encuentran en el punto medio de la metáfora del pozo de zorro, de la gente que simplemente espera.
El personaje de Leopoldo es onírico. Cuando aparece hay otras luces, otros tiempos. Parece una persona casi perdida entre dos mundos, hablando en clave poética y recurriendo a las imágenes de autores viejos. También son de Leopoldo los momentos que me dan un poco de vergüenza ajena. Ver a un hombre adulto gritando mamá en el medio de un escenario… es difícil. Pero esos pequeños bits de abstracción me gustaron, incluso si viéndolos me corrió el mismo escalofrío que cuando llevé a mi papá a ver teatro. El principal cantó “Soy un celofán” todo desafinado, haciendo un bailecito muy malo, y yo pensaba, doblada bajo el peso del cringe, “para qué lo intento”. Por suerte en esta obra no cantan canciones de Chicago. Y como les decía, esos momentos conceptuales me gustaron, más allá de que personalmente me dejen temblorosa, mostraron lo profundamente emocional, lo difícilmente expresable de Leopoldo. Están bien puestos, representan a este personaje culto y profundamente herido. Rodolfo por otro lado es tan consecuencia de sus decisiones como de sus circunstancias, encontrando una niñez perdida en donde puede.

Gustavo tuvo un manejo del cuerpo buenísimo, y eso que estaba enfermo. Lo mejor fueron las transiciones entre personajes. Lograr una división limpia, cambiando de una persona a otra sin necesidad de salir del escenario debe ser todo un desafío, en este caso muy bien logrado. Y la verdad, la luminaria y el sonido de la obra estuvieron impecables, y levantaron el ritmo de esta propuesta dos en uno. Lo digo, la técnica de Santiago Silva fue el tercer personaje. Felicitaciones Vilma Rúpolo, muy buena tu sala. El LeParc, como siempre muy lindo.
Cuando terminó la obra José y Yamile tuvieron la amabilidad de acercarme a mi casa, así que en el trayecto hablamos de varias cosas. Me contaba Kemelmajer que hay algo en la obra sobre ponerse en el lugar del otro, y que un sólo actor para dos personajes es muy literalmente eso. Y me dijo algo que creo que voy a guardar por mucho tiempo: que a pesar de las diferencias al final todos somos bastante parecidos. No con esas palabras exactas pero algo así. Aunque de primera puede parecer muy obvio, vale la pena detenerse en el pensamiento un segundo. Nunca somos tan diferentes ¿acaso nuestros componentes internos no son los mismos? Quizás no estamos a tanta distancia del otro como parece. En el fondo del pozo de zorro ¿no estaremos todos sintiendo, en distintos momentos, las mismas emociones?

Le saqué esta foto al banner jajaja
Como siempre, queden atentos a las redes de Casa Teatro (que les dejo acá abajo) para futuras fechas. Abrazo, nos vemos en la próxima parada.
Cata.