Rally teatral-invernal #4: Tirria
¡La obra de teatro en la que sale Peter Capusotto!
En lo que asumo que será más o menos la mitad del Rally, llega una obra que destaca por lo farandulero. Tirria, esta vez en el Teatro Mendoza.

Antes de buscar cualquier cosa por internet voy a hacer una apuesta: Tirria es teatro del absurdo. Al final corroboro y les digo si me equivoqué o si soy re capa. No tengo mucha idea de las corrientes de teatro, pero una vez leí Esperando a Godot de Samuel Beckett y me resultó odioso. Ahí decidí que leer teatro del absurdo era como leer un listado de la escenografía e intentar entender la trama: inútil. En Tirria, pasaba algo parecido. Los diálogos de a ratos llevaban adelante la historia y de a ratos eran secundarios, como un decorado más; los personajes tenían motifs repetitivos… no sé, estoy jugando a opinar, pero me hizo acordar a Beckett.
En la trama nos presentan la caricatura de una clase social oprimida por sus propias tradiciones. La familia Sobrado Alvear, de la alcurnia bonaerense, ha quedado en la lona. Y para que los del club no se den cuenta, toman la medida extrema de esconderse unas semanas en su casa, cual claustro, fingiendo que viajan por Europa y evitando tocar la luz del sol, ya que el bronceado evidenciaría el hemisferio en que los ubica su pobreza. Qué frase. Más o menos con ese tono enredado hablan los personajes, pero con un punto de extra de placer: el porteño antiguo, ese de gente leída con apellido. La escritura de Lucas Nine y Nancy Giampaolo, con la dirección de Carlos Branca, tuvieron un resultado que cuando salí me dejó pensando: “es que claro, de esto se trata el teatro”.

El padre es un tipo medio a lo Jerry de Rick & Morty: un señor con pañal que a duras penas entiende lo que está pasando y parece que juega a ser adulto. La señora, solamente careta. El coronel, solamente milico (La actuación de Daniel Berbedés me encantó). El hijo, cuyo único punchline era ser gay. La hija, que tenía novio… No eran personajes profundos, tampoco aprenden más que la moraleja de “capaz ser pobre es una posibilidad real”, que en realidad tampoco aprenden. Son máscaras, personajes con solo dos o tres características cada uno y así está perfecto.
Y ahora sí… De recibir las llamadas cuestionadoras de los otros caretas del club se encarga Hilario, que es casi de la familia. Apenas puso un pie en el escenario ya estaban todos aplaudiendo ¿Será raro para Capusotto recibir ovaciones antes de haber dicho una palabra? Y es que claro, los mentecatos del pópulo las guardábamos hace tiempo. Debajo del vestuario estaban Violencia Rivas, Micky Vainilla, el Padre Progresista, Yaco Pastorius, Kosher Waters, Tony Intenso, Jorge Suspenso, la pizzería Los Hijos de Puta, la Granja El Sin Gomas y otros arcanos de la cultura popular.
No es por tirarle flores, pero Diego tiene presencia en el escenario. Es innegable: Era el que más caras hacía, el que más fuerte proyectaba la voz y el único con peluca. El mayordomo es de los personajes que menos aparece, pero cuando está hay que ver cómo cuenta un chiste estúpido hasta el final, repitiéndolo con un compromiso y una lealtad... Eso es gracioso, muy gracioso.
Hay guiños a los mismos estereotipos que veíamos en los videos de Peter. Estos indefectiblemente rozan el eje político de la cuestión, trasladando la obra a un contexto en el que la 4ta pared se rompe cuando nos vemos todos reflejados en lo que a los Sobrado les parece de base indeseable, y francamente aterrador: ser pobres. Como es esperable, si mirás la obra a trasluz, lo político no se esconde.
En total duró DOS HORAS. Tuve que correr hasta lo de mi amiga por la San Martin a las 00:00 para no perderme el free de Runner. Valió la pena. Amé lo absurdo, cosa que pensé que nunca me iba a pasar. Me dio a entender que no hace falta algo creible, si no algo teatral, que nos atraviese por la emoción que sea.
Resolviendo el primer párrafo, hice mi investigación y dice que las características son: tramas sin sentido, diálogos repetitivos, cuestionamiento del humano, la sociedad y la existencia. Pareciera que en algo le pegué, pero Gemini dice que es una obra de humor negro que “abreva en el Grotesco Criollo” y un homenaje al “Cine de Teléfono Blanco”. Así que no le pegué tanto en realidad.

El sonido fue lo único que estuvo medio choto, oh Teatro Mendoza. Llegué y una acomodadora me llevó hasta mi asiento, fue lo más elegante del Rally hasta ahora, durante los 40 min que pasaron hasta que se acomodó todo el gallinero aproveché para mirar los palcos, las molduras, las paredes con patrones geométricos, el telón pesado… De todas las paradas, la más de teatro clásico de señora medio excéntrica con pelo rojo. Es una sala hermosa, con un escenario amplio, precioso, y el contexto de aporteñado viejo, de tertulia sin lunfardo, se fusionó con el ambiente. Pero el sonido. Estuvo. Medio. Choto. !!!
Además de Juan Carlos Pelotudo, participaron Graciela Stefani, Rafael Spregelburd, Daniel Berbedés, Juano Arana, Eva Capusotto y Galo Politti. Obviamente yo sólo conocía a Capusotto padre. Nunca fui muy cholula, aunque si pudiera, lo elegiría. Ser cholula debe ser asombroso.
Bueno, qué nota larga. Nos vemos en la próxima parada, los quiero
(¿A quién le hablo?)
Catalina