Rally teatral-invernal #5: Laurel

La obra de teatro espagueti western mendo-cuyana futurista distópica

Desde un personaje que va y viene en una silla de ruedas, hasta una revolucionaria colgada de las vigas, pasando por una epifanía en una mesa gigante y muy tensa, Laurel lo que más tiene es variedad.

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Hasta ahora El Taller ha sido mi teatro favorito. Es chiquito y amiguero pero está re bien equipado, no parece la casa de 4 amigos que se fumaron un mañanero y decidieron armar un teatro. Parece la casa de 4 amigos que se fumaron un mañanero y decidieron armar un teatro pensado, multifunción, porque aman el teatro y saben lo que hace falta para brindar un lugar de calidá. Además está lleno de plantas, es colorido y te venden birra.

Ariel Rozen fue el director y autor de “Laurel”, la obra que hoy nos compete. Comenzó su camino en esta casona, tomando clases con Manuel García y a partir de eso, a indagar sobre dramaturgia. Movido por este interés y a pesar del camino rocoso (con una pandemia de por medio), logró llevar a cabo la puesta de esta obra, hoy en día consagrada. Se la reconoció en la Fiesta Provincial del Teatro del 2025, también ganó el premio a Mejor Obra en el Festival de Estrenos, a Actriz revelación por Aniela Herrera González (Laurel), a Actriz de reparto por Mariela Locarno (Mariquita Ponce de León) y mejor texto por Ariel Rozen.

En un futuro distópico en el que la Vendimia ha subyugado a la población definienddo amos y esclavos, Laurel va a rebelarse. Así empieza este Django mendocino, que sería algo como YiAango, o Gian Gómez. O bueno, Laurel. El guiño a Tarantino está, no lo aluciné, hasta lo mencionan. Pero Ariel Rozen se permitió volar e incluyó una serie de personajes diversos y regionales y sobre todo, dejó ver en el texto la capacidad multiforme de su escritura. Esta puesta recorre lo caricaturesco en el habla reconocible de las guerreras revolucionarias y en la representación de una ex-reina vendimial, lo poético en el monólogo de una hija peculiarmente existencial y lo cómico de manera transversal, todo hilado mediante personalidades de puntos opuestos que maridan muy bien. En la trama de esta varieté la protagonista, junto con el Dr. Córdoba, darán un golpe al gobierno tiránico de los Ponce de León. 

Y entre broma y estereotipo, los diálogos nos van abriendo preguntas: ¿Quiénes quedan de cada lado de la brecha vendimial? ¿Qué sucedió al científico? ¿Cómo se coartó lo que podría haber brindado a la humanidad? ¿Cómo hace Manu para manejar tan bien la silla? ¿Cómo será la vida de las amazonas revolucionarias modernas? ¿Qué hace una madre tan bicha con una hija tan profunda? ¿Cómo llegó a ser tan bicha? ¿Quiénes son hoy nuestros Ponce de León?

Para cerrar quiero mencionar que la puesta no se achica en vestuarios, y sin ánimos de spoilear les advierto que inventaron una forma muy buena de decapitar a un personaje. También es de las pocas obras que he visto con un elenco tan grande. Actuaron Aniela Herrera, Manuel García Migani, Ismael Páez, Elena Schnell, Agustín Daguerre, Mariela Locarno, Luis Domínguez, Eva Nardelli y Karim Pabst (que va a volver a aparecer en próximas ediciones del Rally). 

Y bueno, lo de siempre gente. Abajo están las redes. Usen estos días fríos para ver a gente rara haciendo cosas raras en un escenario. Ese es, en definitiva, el legado de Ariel Rozen, y es hermoso.

Nos vemos en la próxima parada. Abrazo,

Cata.

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